lunes, 9 de noviembre de 2009

EL MURO NO CAYO


El muro de Berlín no cayó; fue derribado. Destruido piedra a piedra por una generación que no soportó seguir siendo cómplice -ni víctima- de una de las peores condenas a las que puede ser sometido un ser humano: la falta de la libertad. El derribamiento del Muro fue sin duda un acto de libertad, y aunque moleste a muchos, un acto liberal.

Fue la acción humana más importante de la segunda mitad del siglo XX y puso fin a 28 años de opresión y a más de 4 décadas de Guerra Fría. Supuso además, el ocaso del régimen comunista, que costó a nuestra civilización el asesinato de una cifra que ronda los 100 millones de seres humanos; personas sentenciadas por querer defender la libertad. No corrieron mejor suerte aquellos que, estando vivos, no pudieron vivir su vida como quisieron. Que pasó con aquellos que quedaron “del otro lado” durante casi 30 años?

El muro de Berlín fue derribado al compás de las estrofas de la canción de Pink Floyd “The Wall” (La Pared). Y si bien todos nos emocionamos mientras veíamos la imagen de miles de jóvenes destruyendo el muro con esa música de fondo en los noticieros de casi todo el mundo; la pared que se construye en la canción de Pink Floyd es otra, es el nuevo muro del Siglo XXI: el muro de la droga.

Quedan además infinidad de otros muros: las fabelas de Brasil, o las villas de emergencia en la Argentina, o los asentamientos de indigentes a lo largo de América Latina, o la pobreza en África, son muros construidos por malas políticas económicas que amenazan la libertad de los pueblos. Pobreza y falta de educación generan violencia. ¿Cómo derribar estos nuevos muros urbanos?

Es mentira que limitando la libertad se sea más libre. Hoy, parece que ser liberal es una herejía. Sin embargo, como vemos día a día en nuestro país –donde nunca se aplicó una política liberal en serio (siempre fueron acciones parciales con una contrapartida estatista, como por ej se privatizó pero con monopolios, etc), aumentar la intervención del estado, limitar el libre comercio, “dedocrizar” las decisiones económicas, no sólo no combaten la pobreza ni mejoran la distribución del ingreso (los ingresos caen), sino que la aumentan.

El muro fue derribado, pero las ideas que lo engendraron siguen vigentes. Hay una nueva corriente estatista en América Latina. Limitando libertades y aumentando el poder de los gobernantes se fortalece la desintegración de las sociedades. Aumentar el estatismo no es la forma de combatir la pobreza o erradicar la desocupación, como insisten todavía infinidad de políticos, pese al grito desesperado de libertad de sus víctimas. En casi todas partes, los gobiernos siguen siendo el problema –no la solución. En este punto, sería bueno que los ciudadanos voten por sus ideas. Se da la paradoja que votando “a ganador”, pierden… hasta ahora.

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