domingo, 11 de octubre de 2009

LA OPOSICION NO LO HIZO: 24 -44 - 00

No pudieron. 24 es poco. No es nada, y es mucho. Pero no alcanza. 24 a 44 se perdió la votación de la Ley de Medios Audiovisulaes en el senado. De nada sirvieron las denunicas hechas sobre supuestos manejos, presiones, reuniones raras, que se publicaron durante estos días. ¿Nadie va a investigar? ¿De esto no vamos a hablar? Quien lea la nota publicada hoy por La Nación de Joaquín Morales Solá titulada "Un lienzo de favores y prebendas" (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1184807&pid=&toi=) no puede evitar sentir asqueantes sospechas sobre la legitimidad de esta Ley.
En el mismo diario, un enójadisimo Adrían Ventura sentencia "La democracia se suicidó" (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1184937) en el que advierte que "Podrá haber cada vez más corrupción, más autoritarismo, más pobres, más muertos por inseguridad, más hambre y más problemas que nadie se preocupará en solucionar. Pero, para qué va el Gobierno a solucionar los problemas, si escribirá la historia a su antojo".
En general, muchos dicen que "no hay oposición", o "que pobre es la oposición". Llegado a este punto, quizás es el momento de acortar las distancias.
La democracia, somos nosotros. Y la oposición, no debería ser sólo un grupo de 24 Senadores. La oposición no es una entelequia. Es personas; muchas personas.... muchas personas que juzgan los resultados sin entender que son parte de la causa.
No es momento de lamentarse, es momento de analizar que papel queremos protagonizar en esta historia, que aunque no parezca, o la escribimos nosotros.... o dejamos que la escriban otros. No nos quejemos.



http://www.otrosambitosweb.com.ar/imgnoticias/21342_tapa_2392009_1655.JPG

miércoles, 7 de octubre de 2009

LOS DETRACTORES DE UNA ARGENTINA AGROINDUSTRIAL

“¿No tiene miedo que ahora se instale una Patria Agropecuaria? ¿No tiene miedo que gobiernen los ricos?”, preguntó hace unos días un reconocido periodista durante una entrevista. Las preguntas cristalizaron una sensación que se viene gestando en varios sectores de nuestra sociedad -particularmente entre los supuestamente progresistas-, a partir de los resultados de las elecciones legislativas del pasado 28 de junio; de la última exposición Rural de Palermo y de algunas actitudes vistas en el reciente paro del campo.
¿Que entienden por Patria Agropecuaria estos sectores? Evidentemente, se esboza una especie de modelo en el cual todos los factores de poder, tanto los políticos como los económicos, estarían en manos del sector agropecuario generando un clima de “ahora se hace lo que nosotros queremos”. “Las vueltas de la agrocracia”, tituló una nota un matutino hace unos días, que aventuró que cuando la historia relate nuestro presente, lo hará refiriéndose a “un tiempo en que una corporación de ricos y satisfechos empresarios de la facción agraria de la burguesía prepotearon a un gobierno popular”.

Hay un importante sector en nuestra sociedad que siente al sector agropecuario como una amenaza y que lo estigmatiza en nombre de un pasado que ya no es. Son los detractores de la argentina agroindustrial y sus razones son ideológicas.

¿Es casualidad la permanente demora en la reglamentación de medidas ya varias veces anunciadas? ¿o que se haya vetado parcialmente la Emergencia Agropecuaria de la provincia de Buenos Aires, como también las emergencias provinciales; y que Scioli haya echado a su Ministro de Asuntos Agrarios, en la misma semana del paro agropecuario?

A partir del inicio de discusión por la Resolución 125, el campo y su dirigencia comenzaron un proceso que les permitió reconciliarse con la ciudad. Es un gran desafío; hasta entonces el sector era víctima de una preocupante crisis de representatividad que parecía no tener solución. Hasta marzo del año pasado, para la mayoría de los productores “las entidades estaban muertas”.

El debate de la 125 fue casi asombroso en dos aspectos estratégicos: logró unir al sector y abrió la puerta para una reconciliación con las poblaciones urbanas. Y esto último, lo reconcilió además con los medios. El campo fue noticia. Logró en 90 días lo que no pudo en décadas. La 125 humanizó el reclamo. Pero, aunque duró casi un año, los efectos de la 125 son todavía coyunturales.

Que se intente confundir a la mesa de enlace con oposición, o se instale una visión hegemónica de un grupo envalentonado por lo logrado hasta ahora –y frustrado por lo que falta conseguir-, puede transformar la visión de un campo con reclamos legítimos en un sector que corre el riesgo de reavivar imágenes del pasado, ya superadas.

Pero la realidad -que debemos cuidar- es que el reloj de la historia movió sus agujas, y hoy la producción y los productores poco tienen que ver con el colectivo imaginario de una oligarquía dominante. Es inevitable definir a la Argentina como un país agroindustrial. El sector agropecuario está comprometido con el País. Ya logró la producción de casi 100 millones de toneladas de granos sembrando 30 millones de hectáreas y generando ingresos para el país de alrededor de 35.000 millones de dólares. En estos años, de acuerdo a los datos de la Fundación Producir Conservando, el sector agroindustrial aportó el 44% de los recursos tributarios totales del Estado y fue responsable del 36% del empleo formal de la Argentina y de algo más del 60% de las exportaciones.

Sin embargo, la sensación es que todo esto se logró a pesar de políticas económicas que desalientan la producción y que no generan reglas de juego claras para atraer inversiones. Mientras que la Argentina dejó de producir carne, leche, trigo y maíz; nuestro país produce, según declaraciones publicadas por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, “no menos de 3.500 pobres por día”.

Desalentar la producción agropecuaria no generó más riqueza, ni mejor distribución de los ingresos. Es un sofisma enfrentar a la producción agroindustrial con el desarrollo social. En la última década Brasil aumentó en 50 millones de toneladas su producción agrícola (de los cuales 30 millones corresponden a soja); en 45 millones de cabezas su stock ganadero (una cifra poco menor a todo nuestro rodeo vacuno); en 6.000 millones de litros su producción de leche (alrededor del 60% de nuestra producción) y logró aumentar al mismo tiempo el consumo (en 1,5 millones de toneladas) y la exportación (en 2,1 millones de toneladas) de carnes.

¿Hizo esto más pobres a los pobres de Brasil? Lo importante es que, al mismo tiempo, las políticas de distribución del ingreso y de educación aplicadas por el presidente Lula (algunas como el Plan Bolsa Familia fueron iniciadas durante la gestión de Fernando Cardoso) lograron que 27 millones de brasileros abandonen la pobreza y formen parte de la clase media de ese país. En sólo 5 años, y al mimo tiempo que Brasil vive un Boom Agropecuario, tanto de su consumo interno como de sus exportaciones.

Mientras el mundo enfrenta el desafío –y la necesidad- de tener que duplicar la oferta de alimentos para el año 2050; la Argentina parece frenar su sistema productivo, supuestamente en nombre de una “ideología”, o de un capricho muy difícil de comprender.

Ya no sólo se combate contra la producción; sino que el conflicto del campo y la nueva Ley de Radiodifusión (Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales), convergen en un falso paradigma hegemónico: luchar contra el “monopolio” de los medios de comunicación que sirvieron de órgano de difusión de los intereses del campo: “la agrocracia enfrenta el riesgo de ver dañado uno de sus principales instrumentos de lucha. Si el monopolio mediático retrocede, será para ella un poco más difícil construir realidad”, advierte un medio afín al gobierno… Mientras tanto, y mientras el reloj de la pobreza corre por horas en nuestro país; en la Argentina algunos sectores se debaten entre Ser o no ser un país agroindustrial.




Chiste de Sendra, publicado en Clarín:
http://www.clarin.com/diario/2009/10/10/humor.htm

El prefijo "neo" no dice nada....

Ni unidos, ni dominados; el Siglo XXI nos encontró luchando por sobrevivir, confundidos en una época carente de las ideologías modernas originadas siglos atrás. El post modernismo se tiñó de “neos”, y las ideas quedaron camufladas, avergonzadas, bajo el avasallante neo mundo donde las neo tecnologías prometían conquistar para el hombre común una felicidad que las ideologías no pudieron lograr. Si bien la tecnología permitió un desarrollo imprevisto en áreas tan trascendentes como la salud, las comunicaciones, la alimentación, el transporte, etc; la tecnología por sí sola no basta para garantizar el progreso y el bienestar de toda una sociedad en conjunto. A pesar de esto, no puede negarse que aquellas regiones que tienen acceso a ella, tienen una calidad de vida sustancialmente diferente a aquellas que no lo tienen.


Casi simultáneamente con las urbes de neón, el prefijo “neo” se apoderó de las ideologías para justificar las re-adaptaciones de las mismas, pero al mismo tiempo que las adaptaba a los cambios, les robaba sus pasiones originales, las des-apasionaba. Una especie de sumiso conformismo llevó a la política a mimetizarse con los requerimientos de las economías, de tal forma, que una misma realidad económica puede describirse tanto desde el neo marxismo, como desde el neo liberalismo. Son las paradojas de este nuevo mundo, donde la economía es la única regla de juego que pesa realmente a la hora de que los neo gobiernos tomen decisiones.

El día que la política cedió su lugar a la economía, las necesidades sociales del hombre quedaron postergadas al equilibrio de las cuentas públicas. Puede que no haya otro camino, pero la economía, como se aplica actualmente, poco logra frente a las necesidades reales de nuestra sociedad, esclava, quizás, de errores (horrores más bien), cometidos por generaciones pasadas y gobiernos corruptos.

En un mundo donde las ideologías debieron abdicar en nombre de la neo economía, pocas esperanzas le quedan a los marginados, a no ser que algún marketing los muestre como un buen negocio. Así como la caída del muro de Berlín confirmó el fracaso del comunismo (o de los comunistas); los actuales niveles de pobreza confirman la impotencia de los híbridos liberales (y de los falsos liberales). Tampoco el neo liberalismo, ni el neo comunismo, encuentran una fórmula que rescate la dignidad de quienes quedan fuera del sistema.

El gran triunfador de todos los tiempos, es el capitalismo, a quien el prefijo neo le sobra, ya que es el capitalismo de siempre: no social, ni salvaje, un sistema que se caracteriza por la acumulación del capital. Es así como los socialistas, que a fines del siglo pasado se hubiesen rasgado las vestiduras, hoy apelan a la tercera vía para proponer sistemas económicos capitalistas, dejando casi sin discurso a los falsos liberales, para quienes la economía capitalista era su estandarte. Si criticar al capitalismo sería una miopía resentida; alabarlo ciegamente sería exponerlo a nuevas revoluciones contra las injusticias distributivas que el sistema genera.

La misma transformación afecta a los sindicalistas (supuestos defensores de las injusticias en la democracia), quienes cambiaron su discurso, privilegiando sus relaciones con el gobierno de turno, antes que las necesidades de sus representados. Los neo sindicalistas de hoy se diferencian sustancialmente –a nivel mundial- de aquellos gremialistas que en épocas pasadas supieron dar su vida por defender sus ideas.

Lamentablemente, el prefijo “neo” no se puede utilizar para todo; así como se puede aplicar en las ideas o en las tecnologías, no sirve para referirse a la situación de los hombres. Puede existir un neo capitalismo, pero no existen-en la práctica- neo capitalistas. La realidad muestra, por lo menos en nuestro país, que cada vez hay menos capitalistas con mayor capital. Una concentración de riqueza que borró cruelmente a una nostálgica clase media que contribuye a que tampoco exista la neo pobreza. A pesar de las ventajas tecnológicas y las comodidades de hoy, tampoco existen los neo pobres Son pobres, personas que no llegan a tener sus necesidades mínimas satisfechas, y que en nuestro país cada vez son más.

Asimismo, si bien existe una neo política; no hay neo políticos. Quienes intentan serlo no ejercen la Política con “mayúscula”, sino que son una nueva oligarquía que vende sus ideas para acomodarse en el poder. Hoy con unos, mañana con otros, estos “yuppies” son gerentes de los partidos, y sus discursos se acomodan para conquistar a un establishment que los financie. Los más inteligentes disimulan su nueva riqueza en una cotidianidad austera; pero la mayoría, insulta a sus seguidores al olvidarse por completo de las ideas que propugnaban cuando consiguieron el apoyo de sus votantes.

Puede hablarse de un neo liderazgo, pero hoy, no aparecen los grandes líderes. Y sí los hay, no encuentran la legitimidad necesaria para tener una fuerza masiva. No hay especio en las neo sociedades para solucionar las asignaturas de todos los tiempos: la salud, la educación, el respeto, la dignidad, el hambre, la vivienda, la pobreza, la desocupación. Son temas que se hablan, frases de campaña, que mueren en los debates presupuestarios.

El neo Estado de Bienestar, convertido en un socio que se queda con más del 40 por ciento de las ganancias de los ciudadanos productivos (hay países con mayores porcentajes); no puede hacer lugar a estas demandas del pasado. Hay que pensar en flexibilizarlas en pos del gasto público y las presiones internacionales.

Existe sí un neo ciudadano; una generación que creció creyendo que vivía en uno de los países más ricos del mundo, que sucesivamente puso su hombro y su trabajo, que siguió a aquel que les dijo “síganme”, y que seguramente va a creer a quien les suplicó esta semana un “créanme”. Un neo ciudadano que ve al primer mundo por televisión, y lo mantiene con su trabajo. Un neo ciudadano, que no está tan seguro sobre su futuro ni el de sus hijos.

Si la neo política diera lugar a la Política, quizás los neo ciudadanos podrían ser verdaderos ciudadanos, no de esta neo democracia, sino de una democracia, donde la economía no fuese el fin sino el medio, y donde el hombre, como ciudadano argentino, recupere la dignidad del trabajo y la verdadera libertad.

Apocalípticos, Conciliadores y Convencidos

Umberto Eco escribió hace bastante el libro "Apocalípticos o Integrados", donde describía que frente a los cambios, las personas suelen o reaccionar en contra (apocalípticos) o a favor (los integrados).


Desde que tengo memoria como profesional, encuentro que puedo dividir a casi todas las personas con las que hablo en "Apocalípticos" o "Conciliadores". Así también, en reuniones en diferentes instituciones en las que tuve la oportunidad de estar, estas dos corrientes son claramente visibles, y llevan a las instituciones a la total inacción.

Los apocalípticos creen que "esto estalla", "no se sostiene". Los conciliadores, no saben bien lo que va a pasar, pero presiento que les está yendo sospechosamente bien...

¿Donde están los convencidos? Es curioso pero, tanto los apocalípticos como los conciliadores están actuando como cómplices del sistema. Sería mucho más productivo que aparezcan los que están actuando con convicción. Los que creen en esta propuesta de gobierno y están comprometidos con ella. Hay muchos sectores que están creciendo, hay mucha gente que está bien, hay algunos indicadores de que puede haber un horizonte distinto para la Argentina, que quizás podamos salirnos del "Péndulo" de nuestra historia, y pensar en un destino de mayor dignidad para todos...

Es hora que los apocalípticos y los conciliadores ameboides callen, y dejen las riendas de nuestra historia en los convencidos. La Argentina, los argentinos, nos merecemos ser Libres.

¿Somos Cómplices o Protagonistas?

Dice Juan Pablo Feinman que el verdadero sentido de la filosofía es no dar ninguna respuesta, sino que por el contrario, plantear las preguntas más "angustiantes" de nuestra existencia. Afortunadamente, nuestra cotidianidad suele generalmente distraernos ofreciéndonos millones de tentaciones, que mientras que, se acepten a un ritmo acorde con la velocidad de estos tiempos, van a cumplir con la anestesia existencial nuestra de cada día.


Sólo así se entiende que, millones de personas vivan su cotidianidad sin percibir que hay miles de millones de personas que, simplemente, no pueden vivirla.

Piense el lector como está el mundo mientras lee estas torpes líneas. Empecemos por los vecinos, como andan?. Y nuestros compañeros de trabajo? Nuestra familia? Nuestros proveedores? La cajera del supermercado? Los taxistas? ....

Es un ejercicio imposible. No hay mucho que podamos hacer por nuestro entorno, no?

Esta es una decisión importante en nuestra vida, porque, de su respuesta, sabremos si hemos elegido una existencia cómplice, o si vamos a ser protagonistas de los cambios que el mundo actual requiere. Porque no nos engañemos, no hay una tercera posición. O se actúa, o se deja actuar. Y en este dejar actuar puede que le demos la batuta a sabios solidarios, a mediocres incompetentes o a unos reverendos inescrupulosos que sólo busquen su beneficio personal y no les importe nada de nada.

Si como personas hay poco que podemos hacer, como sociedad queda mucho por preguntarnos. Somos concientes de las injusticias que cientos de miles de millones de personas sufren hoy? Acaso no somos responsables de nada?.

No somos responsables de los chicos de la calle? No hay nada que podamos hacer por terminar con el hambre? Irak está muy lejos? Yugoslavia estuvo lejos? No son departamentos como los nuestros los que quedan escombros? no son sueños como los nuestros los que quedaron hechos trizas?

Calculemos los muertos de los últimos 20 años, por causas injustas, por guerras absurdas, por opiniones diferentes, por cobardías, por indiferencias, por macabras voracidades, y cuando tengamos un número aproximado preguntémonos si en todo este tiempo fuimos los protagonistas de las atrocidades, o simplemente los cómplices, y analicemos las diferencias...