miércoles, 7 de octubre de 2009

El prefijo "neo" no dice nada....

Ni unidos, ni dominados; el Siglo XXI nos encontró luchando por sobrevivir, confundidos en una época carente de las ideologías modernas originadas siglos atrás. El post modernismo se tiñó de “neos”, y las ideas quedaron camufladas, avergonzadas, bajo el avasallante neo mundo donde las neo tecnologías prometían conquistar para el hombre común una felicidad que las ideologías no pudieron lograr. Si bien la tecnología permitió un desarrollo imprevisto en áreas tan trascendentes como la salud, las comunicaciones, la alimentación, el transporte, etc; la tecnología por sí sola no basta para garantizar el progreso y el bienestar de toda una sociedad en conjunto. A pesar de esto, no puede negarse que aquellas regiones que tienen acceso a ella, tienen una calidad de vida sustancialmente diferente a aquellas que no lo tienen.


Casi simultáneamente con las urbes de neón, el prefijo “neo” se apoderó de las ideologías para justificar las re-adaptaciones de las mismas, pero al mismo tiempo que las adaptaba a los cambios, les robaba sus pasiones originales, las des-apasionaba. Una especie de sumiso conformismo llevó a la política a mimetizarse con los requerimientos de las economías, de tal forma, que una misma realidad económica puede describirse tanto desde el neo marxismo, como desde el neo liberalismo. Son las paradojas de este nuevo mundo, donde la economía es la única regla de juego que pesa realmente a la hora de que los neo gobiernos tomen decisiones.

El día que la política cedió su lugar a la economía, las necesidades sociales del hombre quedaron postergadas al equilibrio de las cuentas públicas. Puede que no haya otro camino, pero la economía, como se aplica actualmente, poco logra frente a las necesidades reales de nuestra sociedad, esclava, quizás, de errores (horrores más bien), cometidos por generaciones pasadas y gobiernos corruptos.

En un mundo donde las ideologías debieron abdicar en nombre de la neo economía, pocas esperanzas le quedan a los marginados, a no ser que algún marketing los muestre como un buen negocio. Así como la caída del muro de Berlín confirmó el fracaso del comunismo (o de los comunistas); los actuales niveles de pobreza confirman la impotencia de los híbridos liberales (y de los falsos liberales). Tampoco el neo liberalismo, ni el neo comunismo, encuentran una fórmula que rescate la dignidad de quienes quedan fuera del sistema.

El gran triunfador de todos los tiempos, es el capitalismo, a quien el prefijo neo le sobra, ya que es el capitalismo de siempre: no social, ni salvaje, un sistema que se caracteriza por la acumulación del capital. Es así como los socialistas, que a fines del siglo pasado se hubiesen rasgado las vestiduras, hoy apelan a la tercera vía para proponer sistemas económicos capitalistas, dejando casi sin discurso a los falsos liberales, para quienes la economía capitalista era su estandarte. Si criticar al capitalismo sería una miopía resentida; alabarlo ciegamente sería exponerlo a nuevas revoluciones contra las injusticias distributivas que el sistema genera.

La misma transformación afecta a los sindicalistas (supuestos defensores de las injusticias en la democracia), quienes cambiaron su discurso, privilegiando sus relaciones con el gobierno de turno, antes que las necesidades de sus representados. Los neo sindicalistas de hoy se diferencian sustancialmente –a nivel mundial- de aquellos gremialistas que en épocas pasadas supieron dar su vida por defender sus ideas.

Lamentablemente, el prefijo “neo” no se puede utilizar para todo; así como se puede aplicar en las ideas o en las tecnologías, no sirve para referirse a la situación de los hombres. Puede existir un neo capitalismo, pero no existen-en la práctica- neo capitalistas. La realidad muestra, por lo menos en nuestro país, que cada vez hay menos capitalistas con mayor capital. Una concentración de riqueza que borró cruelmente a una nostálgica clase media que contribuye a que tampoco exista la neo pobreza. A pesar de las ventajas tecnológicas y las comodidades de hoy, tampoco existen los neo pobres Son pobres, personas que no llegan a tener sus necesidades mínimas satisfechas, y que en nuestro país cada vez son más.

Asimismo, si bien existe una neo política; no hay neo políticos. Quienes intentan serlo no ejercen la Política con “mayúscula”, sino que son una nueva oligarquía que vende sus ideas para acomodarse en el poder. Hoy con unos, mañana con otros, estos “yuppies” son gerentes de los partidos, y sus discursos se acomodan para conquistar a un establishment que los financie. Los más inteligentes disimulan su nueva riqueza en una cotidianidad austera; pero la mayoría, insulta a sus seguidores al olvidarse por completo de las ideas que propugnaban cuando consiguieron el apoyo de sus votantes.

Puede hablarse de un neo liderazgo, pero hoy, no aparecen los grandes líderes. Y sí los hay, no encuentran la legitimidad necesaria para tener una fuerza masiva. No hay especio en las neo sociedades para solucionar las asignaturas de todos los tiempos: la salud, la educación, el respeto, la dignidad, el hambre, la vivienda, la pobreza, la desocupación. Son temas que se hablan, frases de campaña, que mueren en los debates presupuestarios.

El neo Estado de Bienestar, convertido en un socio que se queda con más del 40 por ciento de las ganancias de los ciudadanos productivos (hay países con mayores porcentajes); no puede hacer lugar a estas demandas del pasado. Hay que pensar en flexibilizarlas en pos del gasto público y las presiones internacionales.

Existe sí un neo ciudadano; una generación que creció creyendo que vivía en uno de los países más ricos del mundo, que sucesivamente puso su hombro y su trabajo, que siguió a aquel que les dijo “síganme”, y que seguramente va a creer a quien les suplicó esta semana un “créanme”. Un neo ciudadano que ve al primer mundo por televisión, y lo mantiene con su trabajo. Un neo ciudadano, que no está tan seguro sobre su futuro ni el de sus hijos.

Si la neo política diera lugar a la Política, quizás los neo ciudadanos podrían ser verdaderos ciudadanos, no de esta neo democracia, sino de una democracia, donde la economía no fuese el fin sino el medio, y donde el hombre, como ciudadano argentino, recupere la dignidad del trabajo y la verdadera libertad.

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