Dice Juan Pablo Feinman que el verdadero sentido de la filosofía es no dar ninguna respuesta, sino que por el contrario, plantear las preguntas más "angustiantes" de nuestra existencia. Afortunadamente, nuestra cotidianidad suele generalmente distraernos ofreciéndonos millones de tentaciones, que mientras que, se acepten a un ritmo acorde con la velocidad de estos tiempos, van a cumplir con la anestesia existencial nuestra de cada día.
Sólo así se entiende que, millones de personas vivan su cotidianidad sin percibir que hay miles de millones de personas que, simplemente, no pueden vivirla.
Piense el lector como está el mundo mientras lee estas torpes líneas. Empecemos por los vecinos, como andan?. Y nuestros compañeros de trabajo? Nuestra familia? Nuestros proveedores? La cajera del supermercado? Los taxistas? ....
Es un ejercicio imposible. No hay mucho que podamos hacer por nuestro entorno, no?
Esta es una decisión importante en nuestra vida, porque, de su respuesta, sabremos si hemos elegido una existencia cómplice, o si vamos a ser protagonistas de los cambios que el mundo actual requiere. Porque no nos engañemos, no hay una tercera posición. O se actúa, o se deja actuar. Y en este dejar actuar puede que le demos la batuta a sabios solidarios, a mediocres incompetentes o a unos reverendos inescrupulosos que sólo busquen su beneficio personal y no les importe nada de nada.
Si como personas hay poco que podemos hacer, como sociedad queda mucho por preguntarnos. Somos concientes de las injusticias que cientos de miles de millones de personas sufren hoy? Acaso no somos responsables de nada?.
No somos responsables de los chicos de la calle? No hay nada que podamos hacer por terminar con el hambre? Irak está muy lejos? Yugoslavia estuvo lejos? No son departamentos como los nuestros los que quedan escombros? no son sueños como los nuestros los que quedaron hechos trizas?
Calculemos los muertos de los últimos 20 años, por causas injustas, por guerras absurdas, por opiniones diferentes, por cobardías, por indiferencias, por macabras voracidades, y cuando tengamos un número aproximado preguntémonos si en todo este tiempo fuimos los protagonistas de las atrocidades, o simplemente los cómplices, y analicemos las diferencias...
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